1 mes y 20 días: ¿cómo ha llegado esto a mi mesa?

Si algo necesita el ser humano es comer (y beber, claro). Comer es nuestra necesidad fundamental después de respirar. Todo el sistema social que conocemos se comenzó a construir en torno a conseguir el alimento, distribuirlo, almacenar una parte y decidir que se hacía con el excedente.

Comer, alimentarse y sobrevivir. Sin este paso no hay nada más. Y sin duda el capitalismo está presente en la necesidad más básica. El alimento se cultiva y se cría en explotaciones que se rigen por intereses comerciales; se distribuye por principios de mercado; se comercializa por principios de rentabilidad; e incluso se consume por motivos más cercanos al marketing que a la alimentación.

Cada una de estas frases da para un buen post, y lo tendrá, pero me voy a centrar en el paso que me afecta como consumidor: ¿de dónde viene lo que como?

Aunque este blog lo comencé el 25 de septiembre de 2011, llevo más de un año tomándome mi café de media mañana de comercio justo. Tengo la suerte de que la cafetería de mi trabajo ofrece esta posibilidad. Y varias veces me he enfrentado a la pregunta: ¿por qué? Para mi es extraño, la pregunta lógica sería, ¿por qué tu aún no tomas café de comercio justo? Todo lo que voy a escribir a continuación va dirigido a defender esta posición.

Lo raro es no tomar café de comercio justo

En primer lugar, vivimos en un mundo comandado por el capitalismo. Eso significa que las cosas no se rigen por su valor de uso, sino por su valor de cambio. ¿Qué tiene más valor de uso que el agua? ¿Qué es más inútil que un diamante? ¿Cuál de los dos vale millones? ¿Cuál de los dos se cambiaría fácilmente por otros bienes?

Agua = Valor de uso

Diamante = Valor de cambio

foto de un diamante

¿Esto se come? ¿Para que sirve? ¿Se usa para algo?

Todo esto tiene que ir acompañado de un contexto, claro, pues el valor en realidad lo marca la escasez. Si estuviésemos en el desierto con escasez de agua, seguro que pagamos más por media cantimplora que por el mismísimo Cullinan. No podemos repasar aquí todos los fundamentos de la economía, así que si quieren saber más léanse a David Ricardo, Adam Smith y Marx que se lo explican mejor que yo. De momento simplifiquemos. En el mundo en que vivimos los occidentales, lo escaso, lo raro, es tener un diamante. Y lo abundante, el alimento. Pero no es así en todo el planeta. En África lo escaso es la comida. Y estas diferencias tienen consecuencias terribles si lo que rige no es el valor de uso (comer), sino el valor de cambio (ganar dinero)

Así pues, como ya predijeron economistas notables del siglo XIX que algunos querían enterrar, es el valor de cambio lo que mide el valor económico de todo, incluido el alimento. Eso da como resultado una producción y distribución que no tiene lógica ninguna desde el valor de uso (lucha contra el hambre, por ejemplo), pero toda la lógica desde el valor de cambio (beneficios empresariales).

Y si no me creen, repasen estas noticias:

El mundo produce el doble de alimentos de los que sus 7.000 millones de habitantes necesitan 

– Aún así, nos encontramos con situaciones como esta: 35.000 personas mueren de hambre al día, lo que significa -entre otras cosas- que un niño muere de hambre cada 6 segundos. (Desde que ha leído usted lo del diamante a ahora habrán muerto entre 4 y 6 niños de hambre)

– Si en lugar del valor de uso, nos centramos en el valor de cambio, lo cierto es que el negocio sale bien. Un estudio de Lehman Brothers cifró el incremento en fondos de inversión alimentarios de 13.000 millones de dólares a 260.000 de 2003 a 2008. Y los beneficios han sido millonarios, este artículo de Diagonal lo cuenta muy bien.

– Pero, si hay tanta hambre, ¿dónde van los alimentos que sobran? Se tiran. Sólo en Canarias se tiran millones de plátanos cada año. Y no es un error, se hace a propósito para mantener los precios, el mercado y esas cosas que en el capitalismo son mucho más importantes que dar de comer a la gente.

No está tan lejos aquel chiste de los Simpsons: “La nueva moda que recorre la nación: ¡tirar la comida!”

Es más, hay gente que ha decidido dejar de comprar comida y alimentarse de las enormes cantidades que tiran los supermercados y retaurantes en buen estado. En USA lo llaman el “Dumpster diving”. Y no es una cosa de “yankilandia”. En España se tiran 63.000 toneladas de comida al año en los restaurantes. Media tonelada por cada restaurante. Sólo la décima parte es lo que nos dejamos en el plato, el resto mala planificación.

Básicamente, la necesidad alimentaria es un negocio y como todo en el capitalismo se polariza entre el exceso y la necesidad. El que tiene tendrá cada vez más y el que no tiene tendrá cada vez menos. 

Mientras en occidente la obesidad es una pandemia, en África abandonan a los niños en los caminos porque no tiene nada para darles de comer.

Bien, en este punto, no creo que haya una sola persona que con estos datos no se plantee que esto no tiene lógica ninguna. Lo que quizá no se plantee es que su modelo de consumo, el suyo, el de usted, es cómplice de todo esto.

No, no le pido que se vaya al campo a cultivar (que no está tan mal), que se de latigazos, que pida perdón, o que haga la revolución blochevique frente al Mc Donalds, sólo le pido que cuando vaya mañana a la cafetería o el restaurante se pregunte por un momento: ¿De dónde viene esto? ¿Cómo ha llegado esto a mi mesa?

Eso es lo que yo me pregunto. Y hace un año comencé un pequeño gesto: pedir cada mañana que el café sea de comercio justo.

Según “Ideas“, el comercio justo significa “una asociación comercial que se basa en el diálogo, la transparencia y el respeto“. Concretando, se trata de pagar al productor un precio justo por su producto y su trabajo. Las personas que cultivan mi café justo en Nicaragua reciben un salario digno.

Pero esto tiene más consecuencias: estos agricultores podrán cultivar sus tierras y no las terminarán malvendiendo o cediendo a multinacionales que fomentarán plantaciones insostenibles y la especulación con los alimentos. Es decir, una comunidad de personas vivirá de forma digna aprovechando los recursos de la tierra que habitan y no se verán condenados a la pobreza trabajando en condiciones de miseria para una multinacional que probablemente produzca alimentos que tras ser convenientemente especulados terminen  en la basura (mientras estos campesinos se mueren de hambre)

Sinceramente, creo que sabiendo que el capitalismo es esto:

niño hambriento junto a niños obesos

la pregunta razonable debería ser: ¿y tu por qué no consumes comercio justo? (salvo que en lugar de corazón y cabeza tengas un paquete de acciones de Nestle y un Big Mac)

Por último, siguiendo la filosofía de este blog, he echado unas cuentas sobre las consecuencias de haber estado tomando café de comercio justo a media mañana.

– En un año me he gastado en total 12€ más en café. Un euro al mes (he contado unos 240 cafés a 0,80 cts que valen donde lo tomo)

– Sin embargo, basándome en los datos de la cooperativa IDEAS sobre el cacao, y extrapolándolos al café, fíjense que diferencia:

En el COMERCIO TRADICIONAL DEL CACAO la distribución del precio es la siguiente:
6% Productores
22% Gastos de Trasnporte
39% Industria transformadora
33% Comerciantes

En el COMERCIO JUSTO la distribución sería la siguiente:
33% Productores
22% Gastos Trasnsporte
22% Industria transformadora
22% Comerciantes

Si hubiese tomado café normal, los productores hubiesen recibido 11,52 euros. Sin embargo, han recibido, 63,36€. Si toda la gente que trabaja conmigo tomase esta decisión, estaríamos hablando de mucho dinero. Una inversión de 1 euro al mes para mi supone pagar 6 veces más al productor, facilitar su vida como agricultor, evitar el éxodo campo-ciudad, retirar productos del mercado de la especulación y, en definitiva, luchar contra el hambre. Dar al café su valor de uso: cultivarlo para vivir y beberlo para disfrutar.

Así que, a partir de ahora, he tomado otra decisión. He comprado un kilo de café de comercio justo de Intermon Oxfam.

paquete de café de comercio justo

Ya no entrará café en mi casa que no sea de comercio justo. Les invito a imitarme. Si después de los datos que les he facilitado no les entran ganas, aunque sea para sentirse bien con ustedes mismos, háganselo mirar.

Poco a poco añadiré otros productos. El impacto que tenga esto en mi vida y en el planeta lo iré midiendo y se lo iré contando.

¡No se lo pierdan!

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6 comentarios en “1 mes y 20 días: ¿cómo ha llegado esto a mi mesa?

  1. Lu dijo:

    ole ole!! muy bueno este post. Poco a poco podrías ir comentando y animándote con más productos…pensando en producción ecológica, que también se desmarca del productivismo, del expolio de la tierra y de la introducción de inputs de grandes multinacionales.
    ¡¡Enhorabuena por esa iniciativa!! (again)

  2. Lidia dijo:

    Muy bueno el post. Se puede empezar con pequeños gestos como el café y cambiando la forma de comprar. Los grupos de consumo me parecen una buena iniciativa. Saludos!

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