Ya es primavera en Bangladesh

Hace unas semanas, alguien abrió una cuenta en twitter parodiando al Corte Inglés.

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Su lema “Ya es primavera en Bangladesh” hacía referencia a la presunta responsabilidad de esta compañía como comprador habitual de ropa a fábricas de aquel país donde se produce ropa en condiciones laborales muy cuestionables e incluso inhumanas. El motivo de esta crítica concreta fue la noticia de que se había derrumbado una fábrica en el país del sudeste asiático provocando cerca de mil muertos de la que parece que marcas como El Corte Inglés o Inditex eran clientes habituales. Para no extender demasiado este post, quien quiera conocer mejor la situación en Bangladesh tiene este estupendo reportaje de Periodismo Humano y múltiple información en internet.

Cuando uno critica el capitalismo suele escuchar aquello de “vete a Cuba” (curioso, porque yo no soy comunista y estoy bastante lejos de serlo), pero ahora hay una respuesta adecuada cuando alguien defienda el capitalismo como mejor sistema inventado: vete a Bangladesh (o a Sudán). Es fácil defender el capitalismo si estás situado en la punta de la pirámide. Supongo que era igual de fácil defender el comunismo si eras parte de la Nomenklatura. Del mismo modo, supongo que será igual de fácil de ver la pobreza en las capas bajas de un país comunista, como en las capas bajas del sistema capitalista. Pero parece que no es así.

Volviendo al tema, las fábricas masivas donde se fabrican los productos de consumo de occidente en condiciones infrahumanas de hacinamiento, jornadas eternas, falta de medidas de seguridad, ausencia de derechos sociales, etc. no son una novedad. Baste recordar aquella movilización contra los productos de Nike que empleaban a niños en Asia. Tampoco son exclusivas del sudeste asiático. En América Latina estas fábricas se conocen como maquilas y nutren a la industria textil americana a base de prohibir orinar más de dos veces durante la jornada de más de 10 horas y no poder ausentarse ni un sólo día por enfermedad, por ejemplo. Lo cierto es que el sistema de sociedad de consumo capitalista occidental sólo es posible si alguien está trabando en estas condiciones en otro lugar del mundo. No se engañen. Su estado de bienestar actual que están defendiendo en la calle contra los recortes sería imposible sin maquilas o similares fuera de sus fronteras. Y este sistema del bienestar que legitima la democracia europea sería imposible sin la imposición política de las condiciones de trabajo de estas maquilas, a veces de forma violenta (incluso contra trabajadoras embarazadas). Nuestro bienestar y nuestra democracia se sostiene sobre la explotación y la tiranía en otra parte del mundo.

La novedad que hemos vivido con el accidente de Bangladesh es que, quizá por la especial situación de crisis mundial, ante un accidente de estas características parte de la opinión pública y de la opinión publicada–tímidamente- comienza a apuntar a las empresas occidentales que se nutren de ellas como corresponsables. Por ejemplo, en el Financial Times hemos podido ver fotos de pedidos del Corte Inglés. Del mismo modo, medios extranjeros no han tenido reparos en señalar tanto a esta empresa como a Inditex como clientes de aquellas fábricas. Y, cómo no, pequeñas iniciativas como la cuenta de twitter que comentaba al principio. En España, la mayor parte de los medios no habla de ello, ya que el Corte Inglés es uno de las mayores anunciantes de España y juega con esa inyección de dinero diaria por publicidad para condicionar las informaciones de la prensa. Sólo medios independientes como La Marea se han atrevido a desvelar esta circunstancia. Quien quiera saber más, aquí le dejo el enlace al reportaje aparecido en el número 1.

Sin embargo, hemos de ser honestos. ¿De verdad quienes compran en el Corte Inglés no sabían que la ropa se fabricaba en estas condiciones? ¿De verdad la gente desconoce que esos productos tan baratos sólo pueden venir de fábricas en condiciones infrahumanas? La gente lo sabe. Yo lo sé. Usted lo sabe. Y cierra los ojos. Compra y no habla de ello. De vez en cuando se echa las manos a la cabeza, se lamenta, pero luego vuelve a la misma tienda a comprar el mismo tejido fabricado con las manos de un niño. Y le compra en Navidad a su hijo juguetes que han fabricado los hijos de otros. Pero están lejos, ¿verdad?

No quiero que se sientan culpables, porque no lo somos, pero si responsables. Si no se plantea usted cambiar sus hábitos de consumo después de noticias como el accidente de Bangladesh, entonces comparte algo de responsabilidad con el Corte Inglés, Inditex o H&M. Quizá no sepa que hacer, de acuerdo, pero si no se lo plantea, si no tiene la intención, si no pregunta, si no lo intenta, entonces no critique tanto al Corte Inglés. Es una situación que me recuerda a una de las mejores lecciones que me dio un gran profesor de filosofía que tuve en el instituto (hace mucho ya). Debatíamos en clase sobre si los inmigrantes cometían más delitos que los españoles. En un instituto de Carabanchel en aquellos años TODO el mundo ha visto a inmigrantes vendiendo hachís, así que la evidencia parecía clara. Era difícil defender una postura contraria. Pero el profesor de filosofía lo hizo y nos iluminó: si los inmigrantes venden hachís es porque los españoles se lo compran. Silencio total. Era algo tan evidente que daba vergüenza no haberlo pensado antes, pero nadie lo había visto así hasta que nos lo pusieron delante. Era mucho más fácil culpar al que no estaba allí presente. Al que no eras tú. Algo parecido pasa en este debate. Es muy fácil echarle la culpa al Corte Inglés y a Zara y luego consumir sus productos.

Y ahora alguien se preguntará, ¿y qué hago? ¿Es posible no comprar en Bangladesh? Pues al menos se puede intentar. Desde hace un tiempo existe la campaña de Ropa Limpia. Además de denunciar las condiciones en que se fabrica la ropa que consumimos, informa a quien quiera escucharles de las marcas que no colaboran con el modelo de explotación parecido de la fábrica derrumbada. Aquí tiene unas cuantas marcas que producen ropa limpia en España.

Ya no puede decir que no sabe qué hacer. Al menos infórmese. Y si de verdad le molesta la situación de seres humanos en otros países, tome decisiones. No se lamente delante del televisor y vaya dentro de unpar de meses a las mismas tiendas de siempre. Decida sus compras con otros criterios. Es perfectamente posible. Lo demás es “postureo”.

Y, si se anima a una postura más combativa, pregunte en las tiendas de que países y marcas se proveen. Hágales pensar que los clientes se preocupan por esto para que empiecen a analizar a sus proveedores. Este reportaje lo ha hecho y los resultados son un poco desoladores, aunque esperables.

Ya saben. Siempre hay opciones. No estamos obligados a vivir en esta injusticia permanente. Es difícil verlo desde la particular nomenklatura que habitamos en occidente, con crisis y todo. Pero la caída del muro de Lehman Brothers está abriendo muchos ojos sobre el posible derrumbe de la URSS capitalista en que vivimos. No se resige: actúe. Cambie sus hábitos. Parafraseando un libro que acabo de leer, necesitamos “personas que actúan porque no se resignan a vivir en el planeta de los estúpidos”. El libro es este.

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No, no me dan comisión 😉 Simplemente me ha gustado y me apetecía recomendarlo.

Además de seguir leyendo, que es muy sano, poco a poco en este blog seguiré experimentando como desengancharme de la estupidez del capitalismo.

¡No se lo pierdan!

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